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Celebración en Uruguay día del Candombe

Día del Candombe

3 de diciembre día del Candombe

Domingo 5 de diciembre de 2010, por Enlace

Agradecimientos al compatriota Cholo Gomez, conocido y estimado por las comunidades de uruguayos en el exterior, en su trabajo de vinculación para el acercamiento de la diáspora con el paísito, gracias por envíarnos estos materíales tan valioso sobre el Día del Candombe, patrimonio de nuestra cultura uruguaya.

1°Parte:

2°Parte:

3°Parte:

4°Parte:

TEXTOS

La eterna llamada del Candombe

Cuando escucho templar las lonjas en la plaza de mi barrio, dentro de mi pecho, el corazón también se tensa para saltar con latidos lejanos. Es la eterna llamada del Candombe que templa nuestras almas de hombres que buscan la libertad. El latido atronador de los tambores se desparrama por las calles y nos llama. Por un instante nos recuerda las cadenas y nos llama a recuperar nuestra dignidad de hombres que nacieron libres. En el eco de la llamada tribal de los hombres y las mujeres de África esclavizados por los europeos sentimos, la llamada de la tribu humana que clama por la libertad. Las cadenas cambiaron de forma. El metal se transformó en papeles y en ideas que perpetúan la explotación del hombre por el hombre. Ya no podemos caminar por el mundo sin explicaciones ni permisos. Nos encadenamos al miedo y clamamos por seguridad. Preferimos las cadenas al látigo. Y siempre hay un grupo de hombres egoístas e inteligentes, dispuestos a blandir el látigo para que quede claro que son preferibles las cadenas. Pero es imposible engañar al corazón. Nosotros sabemos del engaño, conocemos los espejismos de la falsa libertad que ofrece un mundo materialista, que pone a la libertad de empresa por sobre la libertad del hombre, y todo lo disfraza con discursos de bienestar y paz. Por eso, cuando escucho templar las lonjas en la plaza de mi barrio, dentro de mi pecho el corazón se mueve inquieto, y me grita rebeldía, me grita libertad, clama con el latido espeso de los tambores para que rompa mis cadenas, para que recuerde mi dignidad perdida en esta fiesta vana en la que se convirtió el mundo, Es la tribu humana que nos llama a recordar que nacimos libres, y que siempre es la hora de romper las cadenas. Es la eterna llamada del Candombe, patrimonio de la humanidad.

Rosa de febrero

Una hilera de bombitas de colores cuelga sobre la entrada de El jardín de las comparsas, el tablado de los Mega, que cada febrero renace en el predio trasero de la fábrica de tapas corona Lostorto. Le pido al portero que llame a mi primo Ernesto que atiende el puesto de cigarrillos y me hace entrar gratis. Tengo nueve años de vida y es mi primer año de tablado. Mis ojos de niño se llenan de colores y gente animada que rompe la monotonía y la tristeza gris de las calles patrulladas por el ejército. El canto chamullado de las murgas se entrevera con las caras pintadas con destellos de brillantina. Los parlantes trasmiten anuncios de los comercios del barrio donde destaca Hibarra, que barre con los precios altos y también las cuotas altas. El olor de los chorizos se mezcla con el de las tortas fritas y el pop. El aire tiene la tibieza de febrero y una brisa suave transporta los cantos y el bullicio del tablado a través del barrio.

Las cabezas de la gente sentada en la platea de tablones sobre bloques, giran inquietas y curiosas hacia la puerta del tablado. El presentador anuncia la llegada de Morenada. La comparsa se adelanta llena de estandartes, de lunas y estrellas plateadas. La sigue el ritmo del candombe que nace de la cuerda de tambores. De pronto todo es palmas y baile, plumas, escobas al aire, y el rudo desfile de la cuerda que se mueve pausada, inundando con la fuerza de los golpes en las lonjas teñidas con la sangre de muchos carnavales y llamadas. Los niños se acercan al corredor central del tablado y lo inundan de risas y papel picado.

Entonces la veo. Nacida en medio de la fiesta de colores emplumados, apenas cubierta con reflejos plateados y brillantes de pedrería, con la piel morena salpicada de brillantina, los brazos alzados en un gesto de triunfo, las caderas locas y fugaces, las piernas firmes, gráciles, los tacos plateados y las dos hermosas lunas negras, bailando sobre una sonrisa enorme y blanca, y unos ojos dulces y pícaros. “¡Es Rosa, es Rosa!”, gritaban los niños incrédulos, festejando la aparición de la diosa madre del carnaval, una diosa de febrero, una Rosa Luna inmortal, que se clavó para siempre en mi corazón de niño.

La Cuerda de mi barrio

Es 25 de agosto y la placita de Francisco de Medina y Horacio está llena de familias con sus hijos. En los días previos, un volante casero pasado por debajo de las puertas de los vecinos, anunciaba que en la fecha patria Tanucuara Candombe iba a desfilar por el barrio, para compartir y festejar el resultado de muchos sábados de candombe en la plaza.

Desde la azotea de mi casa hay una visión privilegiada, así que Daniel y Jerónimo me pidieron si los muchachos podían filmar y sacar fotos desde ahí. Junto a ellos disfruto de la fiesta. El estandarte reluce, lo mismo que las banderas enormes. Mientras se templan las lonjas en un fuego de cartones contra el cordón de la vereda, las chicas practican por última vez los pasos del desfile. Hay niños vestidos de candomberos, con tambores chiquitos y caras serias y compenetradas. Los muchachos toman una última cerveza. La cuerda formada, precedida de banderas, estandarte, escobillero, gramillero, mama vieja, y bailarinas, espera la señal en un breve silencio.

- Vamos con fuerza, vamos a mostrar lo que logramos, pero por sobre todo, vamos a hacer lo que nos gusta y a disfrutar. ¡Vamos Tanucuara! –arenga Jerónimo.

Los tambores suenan con una fuerza impresionante. La música encrespada del candombe resuena en el barrio. La cuerda desfila acompañada de un séquito de familiares, amigos y vecinos. Hasta que vuelve a la plaza y con el último repique hace estallar los aplausos, la alegría y la fiesta de esta cuerda fundada por los Mera. Tanucuara es una gran familia con ganas de candombear y disfrutar. Una familia de amigos y vecinos, hecha de lonja y risa, que crece en los barrios de Montevideo y nos regala un candombe de paz.

CHolo Gómez

Diciembre 2010