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FUTBOL Y VALORES.

Jueves 8 de julio de 2010

Compartimos con ustedes este artículo del periodista Jorge Pasculli, publicado en el Diario La República, donde a propósito de la actuación de la Selección en Sudáfrica, describe a nuestro pueblo y habla de sus valores nacionales.-
Los gurises de la Selección con su conducta, nos están susurrando que algo nuevo está pasando y que nunca es tarde para reconciliarnos con lo mejor de nuestro pasado. Vamos uruguayos que se puede...!

SABREMOS CUMPLIR. Jorge Pasculli.

Más allá del resultado, qué enorme fiesta del reencuentro vivimos los uruguayos. Qué premio ver a todo nuestro pueblo con el alma embanderada. Orgulloso de sí mismo, gracias a estos muchachos. Muchachos sí, porque aunque jueguen en las grandes Ligas y lo hagan al mejor nivel profesional, aquí siguen jugando con el corazón, como nadie jugó en este mundial. Gracias por el enorme estímulo que nos han dado. Junto con el Maestro y su equipo, dando muestras siempre de lo que debe ser la corrección, el respeto, el trabajo, el esfuerzo. Un caballero del deporte, que sigue siendo el mismo que entregaba sus sueños de un mundo mejor a sus escolares del Cerro. Por eso nos conmovieron y nos refrescaron que es posible.
Qué lindo ver a nuestra gente feliz. Qué bárbaro ver imágenes de cada rincón del país. Qué hermosa esa reacción ante el Facebook donde 100.000 compatriotas en todo el mundo colgaron sus fotos con sus festejos. Saber que estamos juntos. Cuánto hay por hacer todavía. Cuánto podemos aprovechar este momento para hacernos conocer más como país, nuestros lugares, nuestras costumbres, nuestros productos.
Y como dijo Mujica, que la globa sea nuestro escudo contra la droga, y que haya muchos campeonatos en las escuelas, en los liceos, en las cárceles.
Yo me fuí a lo más alto del Palacio Salvo. Se veía un poco lejos la pantalla. Pero más que al partido me fui a ver algo único que pasa sólo en contadas ocasiones. La última fue el 1ero. de marzo. Por eso, tras el chaparrón, salió el sol y el cielo se tornó celeste. Por ellos. Fui a ver a nuestros queridos ángeles que se arrimaron a vernos felices, felices ellos de nuestros logros. Y estaban en el Palacio Salvo, en la Torre Ejecutiva, en las azoteas de los edificios de la Plaza. Los tuyos, los míos, los de todos. Los que ayudaron a construír este país. Cerca de la ventana del apartamento del Salvo donde vivió tantos años estaba Idea Vilariño con Mario Benedetti y Carlos Quijano.
Abajo, junto al quiosko, estaban Peloduro y Wimpi. En un rincón de La Pasiva, Obdulio, el Cumba Burgueño y Dalton Rosas Riolfo, siempre juntos los tres. En otra mesa el Pepe Sacía y el Canario Luna, con varios de los "muchachos veteranos" de La Matineé y otras grandes murgas recordaban retiradas de todos los tiempos.
Desde el estudio de la 30 en el Palacio Salvo, Don Carlos Solé relataba al mundo de ángeles de otros países lo que se vivía aquí, mientras Germán Araujo reseñaba hechos de nuestra historia donde se muestra la valentía de nuestro pueblo. Rubén Castillo seleccionaba lo mejor de nuestra música y Candeau leía pensamientos de Artigas. Paco Espínola proseaba anécdotas bien uruguayas junto a Juan Capagorry, y Zitarrosa estrenaba una segunda parte de Adagio a mi país. Lo acompañaban Pablito Estramín, Santiago Chalar y varios de sus guitarristas. Por 18, metiéndose suavemente entre la gente venían Máspoli, Rodríguez Andrade, Francois, Schiaffino, el Mono Gambetta con su sonrisa de oreja a oreja, Julio Pérez, Matías González siempre tímido, Maruja Santullo y Enrique Guarnero del brazo. Sobre el edificio del Rex me pareció ver un sombrero y una enorme sonrisa haciendo juego...
Del partido solo dos comentarios esta vez los palos no pudieron ayudar a Muslera, en los tres goles la pelota pego en ellos. Lo otro, con Suárez en la cancha era otro partido.
Vuelvo a nuestros ángeles. Les puedo asegurar que ellos estuvieron ahí y que gritaron el segundo gol tanto como nosotros. Contentos y orgullosos de vernos tan indómitos, tan uruguayos. Porque si había que perder, esta era la forma digna en que podíamos sentirnos tranquilos con nosotros mismos, más allá de la profunda pena}